
“Porque el caballero
andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma”
---Don Quijote
I, Cap1 Pg 39. Cervantes
Esta
cita muestra la obsesión con la caballería que tiene el
Quijote. Al principio su deseo de ser un caballero se me hizo muy chistoso. Me
preguntaba ¿Por qué no acepta su realidad o por qué no actúa como la demás
gente? Pensaba que el triste hombre solo quería seguir viviendo en el pasado. Quijote parece estar persiguiendo un código de
honor que ya es fuera de moda, o que quizá nunca ha existido completamente como
él cree. Sin embargo, hay algo noble de su búsqueda de ese estado anticuado o imaginado
que muchas veces no reconocemos.
Holden
Claufield, en la novela Catcher in the
Rye por JD Salinger, está en una situación parecida. Holden es un joven que quiere ser niño otravez. Él odia al mundo
adulto porque para él todos son “phonies”, o sea solo les importa lo
superficial. Se queja de que las
personas ya grandes no son honestas ni sinceras y que siempre fingen ser algo
que no son. Holden se obsesiona con la niñez; dice que la única persona
que le entiende es su hermanita, regresa a los lugares en donde jugaba como
niño y a veces actúa completamente como niño. En fin el lector se da cuenta de
que para Holden, el ser niño representa la pureza y la sinceridad que se va perdiendo
en la vida.
Así
que al pensar en la conducta del Quijote me doy cuenta de que sus deseos, como
Holden, son como los de un niño. Él deja que los inventos de su mente y corazón
dirijan su vida sin importarle lo que
digan los demás . Aunque Quijote parece ser tonto o inmaduro por lo que desea
lograr, él representa algo refrescante entre toda la superficialidad—la
sinceridad. Mientras muchas personas permiten
que sus intenciones se corrompan y tratan de esconder sus deseos verdaderos, el
Quijote habla y actúa francamente. Y
pues a veces la vida sin expresarse así, verdaderamente, se hace
como un “árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma”.
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